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Guerra de Vietnam Comunidad dedicada al estudio de las Guerras en Vietnam
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La guerra geográfica

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lucitez
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MensajePublicado: 26 Jun 2007 9:06 am    Título del mensaje: La guerra geográfica Responder citando

Este extraño articulo lo encontré en un libro de geografía, y me pareció interesante compartirlo con ustedes. Además no tenía conocimiento de esta nueva clase de guerra. Es solo un extracto.



Investigación sobre el bombardeo a los diques del Río Rojo (Vietnam, verano de 1972)

Por Ives Lacoste

La geografía sirve –todavía y más que nunca- para hacer la guerra.

Volver a hablar del bombardeo de los dique en Vietnam del norte (sobre todo los del verano de 1972), ahora que la guerra de Indochina ha terminado-por fin-, supone correr el riesgo de parecer perfectamente ocioso.
No es inútil, sin embargo, volver sobre este asunto, sobretodo si se piensa que es importante, políticamente, no sólo mostrar las relaciones que existen entre el análisis geográfico y estrategia militar, y plantear el problema de la responsabilidad de los geógrafos, sino también reflexionar sobre los lazos que existen entre ciertas representaciones geográficas y ciertos comportamientos ideológicos,

¿Por qué el asunto de los diques provocó un malestar tan grande en la opinión?

Es importante preguntarse por qué, durante todos estos años en los que la prensa, la televisión nos han evocado, mostrados todas las formas de matar, quemar, acribillar, despedazar, aniquilar (y la visión que daban los media de los métodos más sofisticados y más masivos impresionaba, en definitiva, al espectador mucho menos que la contemplación de un estrangulamiento o de otra forma muy tradicional de matar), por qué el bombardeo de los diques han sido, sin duda, uno de los métodos de guerra que han perturbado más a la opinión pública en Estados Unidos y en numerosos países. Esas reacciones, casi instintivas a nivel individual, ampliamente reproducidas por la prensa, han hecho que el problema de los diques haya sido uno de los asuntos más embarazosos para el Pentágono y para los dirigentes de los Estados Unidos. Sin embargo, durante todo el tiempo que duró la guerra de Vietnam, el Pentágono no intentó disimular, más bien todo lo contrario, el carácter particularmente mortífero de las armas y métodos de guerra que ordenaba utilizar cotidianamente: ya fuese la utilización sistemática de NAPALM, diferentes tipos de armas “anti-personal” o gigantescos bombardeos “de saturación de zona”.

La opinión, que asistía así al espectáculo, ofrecido por la televisión y el cine, del mayor diluvio de hierro y fuego que la historia haya conocido jamás, se comportaba como un público un tanto hastiado. Esta relativa insensibilidad ha cesado cada vez (en 1965-66 y 1967) que la prensa escrita ha expuesto informaciones relativas a ataques aéreos sobre la red de los diques en Vietnam del Norte, encontrando entonces las protestas del gobierno de Hanoi un eco considerable. Pero en 1972, tras la reanudación masiva de los bombardeos sobre le Norte (interrumpidos desde 1968), cuando el asunto de los diques tomó una amplitud que no había alcanzado hasta entonces: al multiplicarse las protestas del gobierno nord-vietnamita, altas personalidades, el secretario general de las Naciones Unidas, Kart Waldheim, e incluso el Papa, expresaron su inquietud. El asunto adquirió tal importancia que el presidente de los Estados Unidos, en persona, juzgó útil negarlo (30 de junio de 1972) y deplorar públicamente que semejantes personalidades pudiesen ser tan fácilmente engañadas por la “propaganda comunista”. El testimonio del embajador de Suecia en Hanoi, Jean-Christophe Oberg (1 de julio de 1972), provocó nuevos desmentidos del Departamento de Estado que la prensa americana reprodujo en lugar destacado, deseando que correspondiesen a la realidad. Los periódicos no hacían más que traducir la actitud de la opinión americana (incluida la de los partidarios de Nixon y de su política de guerra) , que rechazaba con inquietud o indignación la idea de que se pudiesen dirigir bombardeos sobre semejantes objetivos: “Los bombardeos, bien, de acuerdo, pero no sobre los diques…”

Empelando un razonamiento cínico, no se entiende muy bien por qué esta opinión que aceptaba que hombres, mujeres y niños fuesen quemados vivos con NAPALM o acribillados por centenares de fragmentos de metralla (de plástico, para que el cirujano no pudiese encontrarlos con rayos X), por qué esta opinión sentía ese malestar ante, la idea de que esas poblaciones estuviese amenazadas de ahogarse. Morir ahogado es, a pesar de todo, un final menos atroz que agonizar consumido por las quemaduras del NAPALM o por las del fósfor… Ciertamente, antes incluso de tener una idea precisa de los datos geográficos del problema (antes de comprender que los diques tienen una importancia primordial, puesto que ríos de crecidas terribles discurren por encima de la llanura, sobre una loma formada por aluviones), la opinión sabía que se trataba del destino de centenas de millares de hombres y que, por su amplitud, esa hecatombe era un problema. En la prensa, las consecuencias del bombardeo de los diques eran a menudo comparadas con los efectos que tendría la explosión de varias bombas atómicas sobre el delta del río Rojo. Pero, ¿era la amplitud cuantitativa de las destrucciones lo que constituía verdaderamente la causa del malestar de la opinión respecto a los diques? Los comentarios sobre le uso de la fuerza nuclear tenían, de hecho, connotaciones muy distintas de las que se referían al bombardeo de los diques, arrastrando la evocación de este problema alusiones muy frecuentes a todo lo que se relaciona con la “naturaleza”. En este sentido, Noxon recordó (27 de julio de 1972) que los bombardeos sobre Dresde (dónde hubo más victimas que en Hiroshima), sobre Hamburgo y Berlín, ordenados por Einsenhower durante la Segunda Guerra mundial, habían causado centeneras de miles de victimas sin plantear, por ello, problemas de conciencia; sin embargo, él, Nixon, afirmó que no hacía ni haría bombardear los diques (“que podríamos, por lo demás, arrasar en una semana”). ¿Por qué esta clemencia, esta “moderación” de la que se jactaba Nixon (30 de junio de 1972)? Porque sabía muy bien que la opinión americana, que ya había protestado de este asunto cada vez que se había mencionado de 1965 a 1967, no habría aceptado “fácilmente” tales bombardeos.

Función ideológica y función estratégica de la geografía

¿Tenía conciencia esta opinión de que se trataba de una nueva forma de guerra? Habia aceptado, sin embargo, los defoliantes, uno de los medios ya clásicos de una guerra a la que se ha llamado “ecológica”, a partir del momento en que los “media” pusieron de moda la ecología.

Puede uno preguntarse si el malestar y las reacciones que se han manifestado, sobre todo en 1972, a propósito del bombardeo de los diques (lo que no era, para una gran parte de la opinión americana, más que una vil calumnia que había que rechazar), no deben ser relacionados con motivaciones ideológicas muy profundas: como si los más encarnizados combates entablados por los hombre debiesen permanecer netamente diferenciados de la lucha que deben mantener contra las fuerzas de la naturaleza. El malestar de la opinión y el aprieto de los dirigentes hubieran sido, sin duda, igual de grandes si se hubieran tratado de desencadenar contra una población tifones, terremotos o erupciones volcánicas. Todavía muy recientemente , los titulares de France-Soir (del 18 de junio de 1975) traducían (y explotaban) ese malestar de la opinión respecto a la “guerra meteorológica” sobre la que discuten los representantes de las grandes potencias. Desde hace milenios, consciente o inconscientemente, los hombres ven la huella de Dios o del Destino en los fenómenos naturales, y más aún en las catástrofes naturales, y todavía hoy el desencadenamiento voluntario de las “Fuerzas de la Naturaleza” aparece confusamente como el acto sacrílego del aprendiz de brujo. En la mente de la gente, los diques en cuestión son evidentemente indisociable de los ríos, de sus crecidas, del clima, de las montañas de donde desciende, de la llenura que atraviesan, es decir, de un conjunto de ideas que hay que denominar “geográficas”. El malestar provocado por le asunto de los diques es, en cierta forma revelador de la función ideológicas de las representaciones geográficas. Es, evidentemente, en las religiones animistas donde esas relaciones son más explícitas, pero, todavía hoy, incluso en discursos de tipo marxista, no hay que profundizar mucho para encontrar una cierta idea de Dios bajo las descripciones geográficas más prosaicas. Y los filósofos, incluidos los que afirman su materialismo de la forma más decidida, y los que se dedican a desenmascarar las mistificaciones todavía en vigor en los cimientos arqueológicos del saber, se guardan muy mucho de dirigir sus miradas hacia la geografía.

Evocar las razones ideológicas profundas del malestar de la opinión en cuanto al problema del bombardeo de los diques no tiene solo un interés epistemológico. Permite comprender mejor no solo la amplitud del escándalo, sino también la estrategia y la táctica que ha tenido que escoger el estado mayor americano. El Pentágono se ha esforzado en varias ocasiones en obtener determinado resultado: el aniquilamiento en la llanura del río Rojo de varias centenas de millares de personas (quizá, incluso, cerca de dos millones de personas, según ciertas evaluaciones), tomando el máximo de precauciones con el fin de poder negar el carácter deliberado de este intento y de hacer imposible la demostración de que se había intentado un genocidio.


Los bombardeos sobre los diques continuaron, a pesar de la campaña de protesta, durante todo el mes de agosto de 1972, pero no hubo inundación. Esto ha sido frecuentemente interpretado como síntoma de que, finalmente los americanos, ante la amplitud de la protesta, no se habían atrevido a bombardear a fondo los diques. Es importante señalar, aunque se tenga que reducir un poco la importancia de las masas, que, si no hubo catástrofe, en 1972, en Vietnam del Norte, no fue por clemencia o por dudas de NIxon, sino por otras dos razones: primer el pueblo de Vietnam hizo un gigantesco esfuerzo para reparar todo lo posible en esta estación, contando con la inminencia de la crecida. Era, sin embargo, imposible abordar la limpieza y el apasionamiento de las partes de la loma que tenían fisuras debajo de los diques. Se habían acumulado importantes stoks de tierra para poder disponer de un material adecuado (no demasiado empapado) cerca de los puntos que habían sido ya bombardeados en 196-67. La batalla de los diques: un esfuerzo gigantesco para centenares de millares de hombre y de mujeres, en el mismo momento en que también habia que transplantar el arroz; un gran número de victimas, muertas o heridas por la explosión de las bombas de espoleta retardada, o acribilladas por las bombas de metralla durante los ataques repetidos sistemáticamente sobre los trabajadores llegados para reparar sus diques. La segunda razón por la que no se produjo la catástrofe fue que el verano de 1972 no conoció, prácticamente, una gran crecida. Así como en 1971 y 1973 se caracterizaron por crecidas enormes, 1972 fue, felizmente, un año de lluvias débiles o medianas sobre Asia del Sureste y sobre Asia Meridional. A finales de julio, comienzos de agosto de 1972, pudimos constatar que le nivel del agua no alcanzaba todavía el pie de los diques. Pero nadie podía prever entonces que la crecida no llegaría algunos días más tarde, y la angustia era grande. En ese mismo momento, la prensa expuso en Europa los intentos de la aviación americana para provocar lluvias sobre las montañas de donde descienden el río Rojo y sus afluentes. No debieron tener éxito, o sus consecuencias fueron locales.

Es importante subrayar que si durante el verano de 1972 las lluvias no hubieran sido tan débiles, se habría producido una catástrofe. La aviación americana la había preparado cuidadosamente, a pesar de saber perfectamente Nixon y el Pentágono la oposición de la opinión americana; contrariamente a los sucedido en los años 1965-67, en los que los diques ya eran atacados al acercarse le monzon, en 1972 los bombardeos sobre los diques continuaron en julio y agosto, hasta que hubo seguridad de que la crecida no llegaría. Para comprende este empeño y el riesgo tomado en realcion con la opinión americana, cansada ya de esta guerra, hay que tener en cuenta que en ese momento cuando el fracaso de la política de vietnamización se hacía evidente. El ataque, en Quang-Tri, de las fuerzas del G.R.P. y de la R.D.V.N. no podía ser frenado, en ese verano de 1972, más que al precio de bombardeos giganescos. Es en ese momento cuando la US Air Force, obligada, por lo demás, a actuar constantemente sobre otros puntos, comenzó a tener ya escasez de pilotos, si es que no tuvo escasez de aparatos, sobre Vietnam.

La guerra geográfica

El plan de bombardeo de los diques del delta del río Rojo no debe ser considerado como una empresa excepcional, aprovechando condiciones geográficas muy particulares, sino, muy al contrario, como una operación que depende de una estratégica de conjunto: la “guerra geográfica” que fue puets en práctica masivamente en Indochina y, sobre todo, en Vietnam del Sur durante más de diez años; fue practicada con una combinación de medios poderosos y variados. Esta estrategia ha sido frecuentemente llamada “guerra ecológica”. Pero es, de hecho, a la geografía a la que hay que referirse, pues no se trata sólo de destruir o de trastocar relaciones ecológicas, se trata de modificar, mucho más ampliamente, la situación en que viven millares de hombre.

En efecto no se trata sólo de destruir la vegetación para obtener resultados políticos o militares, de transformar la disposición física de los suelos, de provocar voluntariamente nuevos procesos de erosión, de trastocar ciertas redes hidrográficas para modificar la profundidad del manto acuífero (para desecar los pozos y los arrozales), de destruir los diques: se ha tratado también de modificar radicalmente la repartición espacial del poblamiento, practicando, por diversos medios, una política de reagrupamiento en las “aldeas estratégicas” y de urbanización forzada. Estas acciones destructivas no son sólo la consecuencia involuntaria de la enormidad de los medios de destrucción practicados hoy, sobre un cierto número de objetivos, por la guerra tecnológica e industrial. Son también el resultado de una estrategia deliberada y minuciosa cuyos diferentes elementos son cientificamente coordinados en el tiempo y el espacio.

La guerra de Indochina marca en l historia de la guerra y de la geografía una etapa nueva: por primera vez, se han puesto en practica métodos de destrucción y de modificación del medio geográfico, a la vez en sus aspectos “físicos” y “humanos”, para suprimir las condiciones geográficas indispensables para la vida de varias decenas de millones de hombres.
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Ultima edición por lucitez el 26 Jun 2007 11:02 am; editado 1 vez
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MensajePublicado: 26 Jun 2007 9:18 am     Responder citando











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MensajePublicado: 19 Nov 2007 1:26 pm     Responder citando

Operacion Popeye

Entre los años 1967 y 1972, los EE.UU. procedieron a hacer el primer uso sistemático y hostil conocido en la historia de las técnicas de modificación ambiental-meteorológica, en el marco de la guerra del Sudeste Asíatico, en una operación secreta que fue desclasificada, bajo la presión del Congreso Estadounidense, en el año 1974. La operación se llevó a cabo bajo el código “Operation Popeye” como una misión militar secreta, que se efectuó sobre los territorios de Camboya, Laos y Vietnam del Norte y Sur. El origen de los extremadamente fuertes tifones y de las torrenciales lluvias occurridas en 1971 en Vietnam del Norte, se relacionaron a dicha operación.

La operación estuvo a cargo del 45º Escuadrón de Reconocimiento del Clima (WRS en ingles) con el propósito de alargar el monzón sobre Vietnam del Norte, principalmente sobre la ruta Ho Chi Minh. El sembrado de nubes se hacía con partículas de yoduro de plata, dando como resultado una extensión del monzón en el área sembrada de entre 30 a 45 días. Esto hacía que las intensas lluvias dificultasen el tráfico por la ruta saturando el suelo y grandes crecidas en los ríos. Estas misiones fueron llevadas a cabo por aviones modificados C-130, F-4 y A-1, que realizaron más de 2 300 misiones de siembra de nubes sobre la ruta Ho Chi Minh. Si bien las lluvias aumentaron, la fuerza aérea de Estados Unidos nunca pudo determinar si ello tenía que ver con su proyecto secreto. El proyecto fue considerado como relativamente satisfactorio.

El 54º WRS tenía un slogan que decía: “Hacemos barro, no guerra”
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MensajePublicado: 19 Nov 2007 1:46 pm     Responder citando

Estas operaciones pueden encuadrarse dentro de lo que se denomina Geoingeniería, que es la manipulación del ambiente a gran escala para provocar cambios que contrarresten los efectos colaterales nocivos de las actividades humanas.
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MensajePublicado: 19 Nov 2007 2:32 pm     Responder citando

Excelente.. de esto no tenia ni la mas remota idea.


Realmente sorprendente llegar a provocar cambios climaticos

Si hay algo de interesante en este conflicto son la clase de aparatos, artilugios y metodos que empleo EEUU para cazar, detectar y entorpecer a Charlie.
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MensajePublicado: 19 Nov 2007 3:15 pm     Responder citando

así es, sabemos que el Sudeste Asiatico fue un campo de experimentos para probar nuevas armas. Es incrible, toda la imaginación y los recursos puestos al servicio de la guerra. yankees
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MensajePublicado: 19 Nov 2007 5:44 pm     Responder citando

A mi juicio este conflicto es especial con respecto a otros en el uso de "insolitos" medios de combate
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MensajePublicado: 19 Nov 2007 11:06 pm     Responder citando

seguro, solo igualable por la maquinaria de guerra nazi.
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MensajePublicado: 20 Nov 2007 7:54 am     Responder citando

me atreveria a decir que EEUU supero con creces en vietnam a la alemania nazi en la WWII
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MensajePublicado: 16 Sep 2008 9:23 am    Título del mensaje: Op. Popeye Responder citando

Para llevar adelante la Op. Popeye, el TAC pidio prestado tres C-130A. Los C-130 originales fueron convertidos en plataformas WC-130 de control meteorologico, y fueron volados por las tripulaciones del 54 WRS, en la base de Guam. Además, 54 tripulaciones a veces fueron llamadas para dirigir el reconocimiento del tiempo de Udorn sobre diferentes áreas del Sudeste de Asia.


El modelo A fue modificado para el reconocimiento meteorologico, probablemente en WRAMA, con el sistema AN/AMR-1. Dos fueron mantenidos en Udorn, con un tercero rotando desde y hacia Guam para mantenimiento, reapraciones, y cambio de tripulacion, desde junio de 1967 hasta finales de 1970. Cuando el trecer avion no estaba en ruta a Thailandia , era utilizado en actividades de reconocimiento meteorológico normales, desde Guam. A finales de 1970 los modelos “A” fueron reemplazado por modelos “B”, y las misiones de “hacer llover” continuaron hasta mediados de 1972.


WC-130 en Guam


Durante las misiones “rain-makers” fue reportado que al menos uno fue dañado por fuego antiaéreo. Los tres modelos “A” llevaban el camuflaje standard del Sudeste Asiático, aunque sin designaciones de la unidad. A finales de 1973, uno de estos aviones (56-0519) fue entregado a la Fuerza Aérea de Vietnm del Sur, y luego se convirtió en uno de los botines de guerra cuando cayó Saigón, en 1975. En abril de 1999 fue reportado visto en Tan Son Nhut, corroido y abandonado.

El costo annual de este esfuerzo fue de $3.6 million, incluyendo las operaciones y mantenimiento de tres Lockheed WC–130 y dos McDonnell Douglas RF–4C, más el material de siembra y el pago al personal invlolucrado en el Proyecto.

Siembra de nubes



Áreas sembradas


















Total de salidas de siembra

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MensajePublicado: 16 Sep 2008 1:05 pm     Responder citando

sr. me saco el sombrero excelente articulo
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MensajePublicado: 16 Sep 2008 1:37 pm     Responder citando

gracias mosin, se te ve poco por el teatro de operaciones....
antes de que termines de digerir un extremo del esfuerzo de guerra norteamericano, aca va otro intento por detener el suministro enemigo.


"make mud, not war"

El jabon tambien fue utilizado como “arma secreta” en una operacion llamada “Commando Lava”, que se llevó a cabo en Vietnam y Laos a medidados de 1960. El Mayor General Richard V. Secord fue el oficial a cargo del proyecto que debía causar problemas en el transporte de suministros del VC.

En la practica se lanzaría jabon potenciado sobre áreas de la ruta HCM. La teoria decia que el detergente lanzado que se mesclaria con el agua de lluvia desestabilizaria o convertiría la tierra en un barro gelatinoso, haciendo las rutas intransitables, y en terrenos montañosos a lo mejor provocaría deslizamientos. La mezcla de acido (nitrilo-triacetic) y sodio (tripolyphosphate) eran lanzados en puntos designados de la ruta en sacos de tela que se romperian en el impacto.. La ruta era fotografiada antes y después de que eran literalmente bombardeadas con jabon. La USAF definió la operación como “la aplicación de un polvo inofensivo y seco para provocar la desestabilizacion del suelo sobre la Ruta HCM”. Claro que el proyecto fue un fracaso. Las unidades de reparacion de la RHCM aprendieron rápido a sobrellevar este problema poniendo cañas de bambú sobre las aréas enjabonadas o retirandolo antes de las lluvias..

La primer mision fue volada desde Udorn, Thailandia por tres C-130A del 41st Tactical Airlift Squadron, basado en Naha AB, Okiniwa, Japon. El avion lider fue comandado por el Capitan James P. (J.P) Morgan, el Maj. John Schofield, el Co-Piloto, y el Capt Richard Paprowitz, navegante. En los días previos, los tres tripulantes volaron sobre el área al sur de Tchepone en un bimotor de la CIA. Desafortunadamente, el piloto no calculó bien el combustible del avión y tuvo que repostar en una base laosiana para seguir camino hacia Udorn. Debido a que el personal militar norteamericano nunca estuvo oficialmente en Laos, esto acarreó varios problemas.

Al día siguiente, los tres aviones salieron de Udorn llenos de toneladas de un material blanci que parecía jabon. Los tre aviones volaron a 5000 pies hasta el área seleccionada, luego descendieron hasta la altura de las copas de los árboles, volando en formacion con 1000 pies entre avión. Dos A-1E Skyraider estaban en el área para proveer apoyo en caso de ser requerido. Tarde ese día, las lluvias activaron el jabon y los reportes iniciales decian que toda el área estaba habia sido “lavada”.

Dos misiones más fueron voladas por las mismas tripulaciones, operando desde la Bahia de Cam Rahn en Vietnam del Sur. Los blancos para estas misiones fueron el noreste del Valle de Ah Shau en Vietnam. En la ultima mision un C-130 fue gravemente dañado y obligado a aterrizar en Chu Lai, para luego quedar inservible. Luego de este esfuerzo por “lavar” la ruta, el programa fue abandonado.

saludos
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